Sos perfecta como sos

Una guía para que abraces tus imperfecciones y te conectes con vos misma de una manera más amorosa.
Sos perfecta como sos

Excelente estudiante, impecable mamá, brillante profesional, linda, elegante, divertida, creativa, rebosante de onda, una gran anfitriona y súper querida por todos. ¿Todo eso querés ser? Bien, entonces muy probablemente seas una perfeccionista. Ahora, con una mano en el corazón, ¿no tenés la sensación de que esa perfección tan ansiada es como una vara larguísima que se estira a medida que vos saltás más y más para alcanzarla?

En la etimología de “perfección” están las palabras per (intensificar) y facere (hacer). En criollo, esto indicaría que para ser perfectas siempre hay algo más por hacer. Nos focalizamos tanto en eso que falta que echamos anclas ahí, hacemos intentos infructuosos por ser perfectas y no nos permitimos ser o tener eso maravilloso que somos y tenemos.

Pero… ¿y si dijéramos que ser perfecta no es un logro? ¿Y si nos animáramos a pensar por una fracción de segundo que es un regalo, un sorpresivo sentimiento de alegría por la vida que no podemos provocar a voluntad? ¿Y si, en vez de exigirnos cada día un poco más, nos permitiéramos asumir que nadie es perfecto y que, sin embargo, todos lo somos? ¿Y si ser perfectas no fuera más que ser suficientes y merecedoras así, tal cual somos? Qué desafío es pensarlo así, ¿no?

Para comprender de qué va, reproducí en tu mente la sensación de la última vez que alguien te miró con amor y aprecio. ¿Sos capaz de acordarte de ese momento? Seguramente te sentiste valiosa, completa, buena, linda. Y así es. Si vamos a asumir que existe algo perfecto en el plano de lo humano, es ese sentimiento tan relacionado con la dicha, la maravilla y el amor. 

Y entonces, ¿cuál es la novedad que proponemos en esta nota? Que podemos prepararnos no solamente para recibirlo, sino también para dirigirlo hacia nosotras mismas. ¡Allá vamos!

“Uno puede mirarse al espejo mil veces, y no verse”.
Ted Stanger

¿Con qué espejo te estás mirando?

Con nosotras mismas, solemos tener una mirada implacable. Dura, crítica, poco compasiva. Pero, como todo, muchas veces depende de la superficie o del “espejo” en el que nos estemos reflejando.

El espejo mentiroso: ¿hiciste alguna vez la prueba de mirarte en la parte cóncava de una cuchara? Te ves boca abajo. ¿Estás invertida realmente? No, pero te ves así. La mente –cuando estamos asustadas, alertas o excitadas– funciona como la cuchara: puede deformar la realidad.
¿Cuántas veces te encontraste diciendo: “Qué horror, no tengo nada para ponerme, estoy fea, así nadie me va a querer”? Ese es un pensamiento propio de la mente perfeccionista: no soy lo suficientemente buena para que me quieran. En un mundo hiperestimulado, es clave aceptar, valorar y reconocer el propio lugar, para detener la voracidad que nos genera lo que encontramos en el camino.

Los espejitos de colores: está claro que no es a través de lograr algo que se llega el disfrute. Si fuera así, para empezar a pasarla bien tendríamos que tener las piernas de Gisele Bündchen, el talento de Jennifer Lawrence, los ojos de Megan Fox, la voz de Lady Gaga y los millones de Taylor Swift. ¡Impracticable por donde lo miremos! En una época que te dice que el 100% es posible, ese 100 siempre lo vamos a sentir demasiado lejos. Y, aun en el supuesto de que lo alcanzáramos, no nos garantiza la felicidad.

El espejo retrovisor: es súper saludable reconocer nuestra historia, de dónde venimos, qué nos marcó, nuestras culpas y miedos. Pero no hace falta que le rindamos pleitesía eternamente. A veces nos quedamos enganchadas con situaciones del pasado, queriendo de algún modo perfeccionar algo que ya fue, sobre lo que no podemos actuar. Entonces, debemos sacar la vista del espejo retrovisor y apreciar de qué está hecha nuestra vida ahora. Para esto, es clave elegir a quienes nos rodean. Estas serán personas que nos reconozcan, que nos vean con buenos ojos, que disfruten de lo que somos sin ponerse celosas de nuestros logros.

El espejo amplificador: ¿viste el espejo circular que usamos para maquillarnos? ¿En el que un minúsculo punto negro se ve como un cráter lunar en el medio de tu cara? Bueno, puede que sea muy útil para delinear los párpados, pero lo que muestra no es verídico. Del mismo modo, muchas andamos por la vida con la lupa puesta sobre lo negativo o lo que falta corregir, asumiendo una lista de requisitos para valer y merecer: “Voy a valer cuando quede embarazada”, “voy a valer cuando tenga pareja”, “voy a valer cuando consiga ese ascenso”, y podríamos seguir con miles de ilusiones. ¡Uf! El amor hacia vos misma y la autoaceptación son dos enormes desafíos, pero mucho más trabajo da cumplir toda esa lista y ver que aun así no sos feliz.

El espejo propio: existe un ejercicio –que muchos docentes de teatro usan en sus clases– que te invita a conectarte con un reflejo interno, propio, único, para descubrir y confirmar las fibras más íntimas de tu perfección. La idea es que te pares frente a un espejo que te refleje y te mires un rato. Mínimo, 20 o 30 minutos. Bancate mirarte a los ojos. No es cómodo al principio, pero hacé un esfuerzo por callar a la jueza interna (“¡Tenés ojeras! ¡Tenés canas! ¡Mirá esas arrugas! ¡Qué nariz más grande!”), porque recién después de pasado un rato se enciende el amor. Vas a ver cómo empezás a reparar en tu sonrisa, en el brillo de tus ojos, en tu alegría y tu esencia. Ahí recién vas por el buen camino.

El espejo de los otros: seguramente hayas notado que hay mujeres que, sin responder a ningún canon de belleza, te “convencen” de que son hermosas. ¿Cómo lo hacen? En primer lugar, amándose a sí mismas. En neurociencias está probado que las llamadas “neuronas espejo” de los que nos rodean van a sentir eso que nosotras sentimos: nuestra “perfección”, nuestro gusto por nosotras y por lo que hacemos, o lo contrario. Así que la próxima vez que alguien te vea perfecta, tu tarea es recibirlo con humildad y agradecimiento (sencillamente, como un regalo). Sí: el arte de recibir nos desafía, pero hay que empezar a dominarlo.

Breve guía para ser imperfectamente perfecta

En su libro Los dones de la imperfección, Brené Brown
armó una guía para “vivir de todo corazón”. Acá van sus consejos. 

01

Mostrate Auténtica

La autenticidad es “un conjunto de decisiones que se toman cada día. Es la decisión de ser reales y mostrarnos tal cual somos. La decisión de ser honestas y mostrar nuestro verdadero yo”.

En otras palabras, es la práctica

cotidiana de soltar lo que creemos que deberíamos ser

para abrazar lo que somos.

02

Sé Autocompasiva

Ya lo dijimos, el perfeccionismo como lo entendíamos no nos lleva muy lejos. ¡Más bien nos hunde! Necesitamos

practicar una mirada autocompasiva. Si algo no resulta como esperabas, te das una palmadita, te recordás que

sos humana y, sin ignorar, pero tampoco exagerando,

pasás a lo que sigue.

03

Practicá la esperanza

Esperanza no es optimismo hueco. No es un deseo de que algo sea realidad. Esperanza es una forma de pensar y

actuar. Primero, establecés metas realistas. Después, descubrís cómo alcanzarlas, permitiéndote corregir en el camino.

Y por último, tomás la decisión de creer en vos

y en tu capacidad de lograr lo que te propongas.

04

Agradecé

Nos cuesta expresar agradecimiento. A menudo sentimos miedo de perder eso que nos hace sentir afortunadas. Pero si hablamos de sentirnos suficientes, merecedoras

y perfectas…, nada nos liberará más que

registrar todo lo que nos hace felices

y agradecer por eso.

05

Amigate con tu Creatividad

No hace falta que seas experta en nada. Podés ser buena escribiendo, pintando, decorando, cocinando, ordenando placares, haciendo deportes, bailando, dibujando…

¡Vos sabrás mejor que nadie cuál es tu don!

¿Lo identificaste? Bien, ahora practicalo sin juzgarte

y sin compararte, para no paralizarte.

06

El agotamiento no da estatus

El hacer constante, incansable, irreflexivo, solo te lleva al agotamiento. Y sentirse agotada no está bueno para nadie. Permitite jugar, salir, dormir, meditar…, ¡perder el tiempo!

En esos espacios “improductivos” vas a encontrar los

recursos para resolver tus dificultades

y hasta algunas ideas nuevas.

07

No le temas a tus miedos

No podemos callar todas esas voces internas que nos

boicotean. Pero, si pretendemos ignorarlas, ¡gritarán más fuerte! Así que lo mejor es escucharlas. Tomá una hoja y escribí todo lo que te asusta. Cuando tengas tu lista, decí:

“Ajá, con o sin ustedes, yo voy a seguir haciendo

lo que amo y siendo la que soy”.

08

Bancate el elogio

Si alguien te hace un elogio, bancate esa situación positiva. Porque podrías empezar a pensar, con algo de nerviosismo y vergüenza: “Ay, no soy tan buena persona. Van a descubrir que soy un fraude”. Es muy fácil interrumpir la sensación de perfección que nos entrega el otro.

Pero ¡no lo hagas!

09

Por último, entregate siempre que puedas a la risa,

al canto y al baile, porque son las mejores formas de

parar la obsesión por hacer más y más, de perder el control, de ablandar la mirada que tenés sobre vos misma,

de descubrirte perfecta como sos.

Por Cecilia Alemano.

Fotos de Lucas Engel / archivo OHLALÁ!

Realización de Diego Andrés Martínez (DAM).

Producción de Virginia Gandola.

 

Experta consultada

Lic. Inés Dates

Nuestra psicóloga.

 

Agradecemos a Mariu Coscia Collins (para sebastián correa estudio), not to be understood
y Josefina Ferroni por su colaboración en esta nota.

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