Sincronicidad

Esas coincidencias que nos dejan con la boca abierta y develan, aunque sea por un instante, la magia de la vida.
Sincronicidad

Quizá te haya pasado: justo estabas pensando en tu ex y se te cruzó en la calle, o soñabas con conocer Nueva York y surgió un viaje de laburo, o en plena crisis llegó a tus manos el libro que necesitabas… ¿Coincidencia? ¿Azar? ¿Suerte? Hay, también, otra explicación para el cruce de circunstancias: la sincronicidad.

Se trata de una coincidencia significativa de hechos internos y externos entre los cuales no existe una relación causal aparente, que nos produce un fuerte impacto emocional. Este término fue acuñado por el psicólogo suizo Carl Gustav Jung, quien aseguraba que hay situaciones que por su trascendencia no pueden ser simples coincidencias. Parece como si el universo nos estuviera guiñando un ojo o, al menos, haciendo alarde de sus poderes, y al mismo tiempo, las fronteras entre el mundo exterior y nuestro mundo interno se revelan de golpe como muy finitas o inexistentes. Es como si, de pronto, tomáramos la pastillita roja y se nos permitiera ver la matrix.

Oráculos personalizados

Robert Moss, un historiador y periodista, propone este juego para “navegar por la sincronicidad”. ¿Cómo? Primero, pensar un tema o pregunta sobre el que nos gustaría recibir una guía o consejo. Segundo, establecer para jugar un período de tiempo determinado (por ejemplo, el viaje en colectivo hasta el trabajo) o fijarnos en lo primero que nos llama la atención al salir a la calle. La guía o respuesta que buscamos se presentará de una y mil formas: en el titular que nos salta a la vista en el diario de quien lee a nuestro lado, en una frase pescada en una conversación ajena, en un perro que nos ladra y nos corta el camino, obligándonos a retroceder, en algo inusual que alguien depositó en el tacho de la basura.

Otras técnicas comunes a las que recurren las personas cuando están ávidas de encontrar respuestas es abrir un libro al azar y ver qué nos dice la primera oración que leemos (bibliomancia) o prender la radio y hacer lo mismo con la primera canción que suena. Leer estas coincidencias y símbolos puede ser una manera de “consultar al universo” y creer que nos está hablando a nosotras.

Jung no llegó él solo a su explicación del fenómeno y sus consecuencias, sino que tuvo largas conversaciones sobre el tema con Albert Einstein y también con el físico Wolfgang Pauli, en las que exploró la relación entre la sincronicidad y algunos aspectos de la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica. Jung tenía la intuición de que la vida estaba guiada por un orden profundo (al que llamó Unus mundus, la realidad que está por debajo de todo y de la que todo parte y a la que todo regresa) y que las personas debían llegar a comprender su lugar en ese orden. También creía que las instancias de sincronicidad, así como los sueños, tienen el propósito de movernos de un pensamiento egocéntrico y sesgado a una visión más integrada de la vida. Es decir, expandir nuestra mente.

¿Realmente suceden?

Lo cierto es que el ser humano es un gran buscador de patrones. Cuántas veces habrás descubierto que “a todos nos encaja el horóscopo del mes”, por ejemplo. Esta habilidad nos permite manejarnos en el día a día, sacar conclusiones y tomar decisiones. Pero la sincronicidad nos exige, además, poder ver patrones no causales sino de significado. La pregunta es: ¿yo les estoy dando significado o hay un significado intrínseco que está emergiendo de esa experiencia?, ¿cómo saber si esa sincronicidad que vivimos es un verdadero acontecimiento trascendental o tan solo me lo estoy inventando? No lo sabemos, y eso es lo que nos sumerge en el misterio. Una puede creer que encontrarse con el hombre que le partió el corazón fue una oportunidad para probar cuán entera estaba, o simplemente decir: “Si vive en el barrio, era obvio que me lo iba a encontrar” y punto y aparte. Entonces, una sincronicidad sucede en un campo de infinitas posibilidades, como dicen los físicos cuánticos, donde interviene el libre albedrío. Así, nuestras definiciones abren puertas y dejan otras cerradas. En ese cruce del infinito con vos surge una experiencia mística, es lo que se conoce también como “intersiendo”. Somos en el diálogo del afuera con el adentro y viceversa. Porque, de última, para la neurociencia, no importa lo que es, si es que existe alguna verdad absoluta, sino la historia que vos te estás contando sobre tu propia vida, donde podés ser víctima o protagonista. Y al mismo tiempo, somos mucho más que el rol o la experiencia que ahora estamos viviendo. 

“Hay dos formas de ver la vida: una es creer que no existen los milagros, la otra es creer que todo es un milagro”.
Albert Einstein.

Abrirse al fenómeno

Todas formamos parte de las sincronicidades, pero no todas les prestamos atención, y menos aún las cultivamos conscientemente. Pero si pensamos que de nosotras depende estar conectadas con la magia de este universo, entonces: ¡abracadabra! Sin duda, la vida es más digerible si logramos verle los hilos de la trama, si podemos sentirnos cuidadas y guiadas por sucesos que nos hacen aprender, abrir los ojos y darnos respuestas. Entonces, estas son algunas herramientas posibles para poner en práctica. 

Mantenernos despabiladas: hay una máxima vital que dice: “cuando estoy dormida, no soy consciente de lo que estoy creando”, entonces la vida simplemente ME sucede. En cambio, la realidad “rima” cuando estamos disponibles para encontrar la melodía, y una gran herramienta es el asombro, salir de la inercia y el aburrimiento para dejarse sorprender por lo que acontece.  

Conectarnos con nuestro interior: ¿qué mejor guía para nuestro accionar que nuestro autoconocimiento profundo (al que rara vez tenemos acceso)? Después de estar horas y horas interactuando con nuestro mundo exterior de ruido, exigencias, personas, situaciones, nos merecemos un espacio íntimo de contemplación, de silencio, de una escucha activa de nosotras mismas. Puede ser permitirse “perder el tiempo”, o meditar, o escribir nuestros pensamientos. Sintonizando con nuestra conciencia de paz y amor.

Cultivar nuestra creatividad: nada se inventa “de la nada”, por eso la imaginación puede ser una poderosa fuente de información. Esta misteriosa facultad que nos permite ver imágenes que están fuera del alcance de nuestros ojos (existan o no en el “mundo real”) es un puente privilegiado a nuestro inconsciente, así como al inconsciente colectivo (otra idea de Jung). Puede ser pintar, bailar, hacer brainstorming de ideas, puede ser hacer algo imprevisto que te obligue a sacar nuevas herramientas. 

Soltar el control: no es que al universo le decís “saltá” y salta, sino que más bien funciona como una danza de a dos. La música está, mejor que sigas el ritmo, sin resistencias y con aceptación. Como si pudiéramos entregarnos a una experiencia receptiva y continua, en la que nuestra pregunta de cabecera podría ser: “¿Qué sentido tiene esto en mi vida?”. Así, cuando soltamos el control, inmediatamente nos conectamos y honramos una fuerza mayor. Entonces, puede que entre nosotras y el universo exista, finalmente, algo personal. •

Por Soledad Simond.

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