Plantar ahora

Conectarse con la tierra es apagar el ruido de adentro y de afuera para sintonizar el ritmo natural de la vida.
Plantar ahora

Cuando el filósofo suizo Jean-Jacques Rousseau propuso su teoría del “buen salvaje” en el siglo XVIII, imaginaba un hombre que vagaba libre por la naturaleza y que era originariamente íntegro, noble y bueno. Ese hombre, pensó Rousseau, solo se convertía en malo o injusto como producto de las relaciones sociales. Un par de siglos antes, con los descubrimientos de “nuevos mundos” se empezaba a perfilar una línea de pensamiento que ponía en valor los pueblos originarios y sus costumbres. Era la contracara de la sociedad civilizada, según el marco evolucionista imperante.

Que la naturaleza nos trae calma, equilibrio y una sensación de bienestar pleno, es innegable. Quizá nunca nos hayamos detenido a pensar por qué, pero nos pasa. En realidad, es absolutamente lógico que ocurra. Nacimos en la naturaleza y vivimos conectadas a ella. La necesitamos para subsistir, por muy lejos que estemos en el día a día del equilibrio ancestral al que pertenecemos. La propuesta es volver a ella y descubrir lo que tiene para darnos.

La tierra es salud

¿Sabés por qué estar en el verde nos hace bien? Es que la naturaleza ofrece lo que se llaman “servicios ecosistémicos”: recursos y procesos naturales que contribuyen directamente a nuestro bienestar. Como los servicios de abastecimiento, como los alimentos y el agua. O los beneficios culturales, eso que nos regala y nos hace bien al cuerpo, el alma y el espíritu, como el chaparrón después del calor sofocante, o un atardecer muy hermoso. 

Volviendo a nuestra era, está comprobado científicamente que una relación consciente con la naturaleza nos hace mucho bien. Sobre todo esa conexión física con la tierra que se conoce como grounding, la técnica que propone pararse o caminar descalza sobre el pasto para descargar la electricidad del cuerpo. Pero la jardinería también tiene propiedades curativas. Al punto que se habla de “terapia hortícola”; alcanza con un balcón –o incluso con un par de plantas de interior– para retomar la conexión con el ritmo natural de las cosas. 

“Mírenme, soy feliz entre las hojas que cantan, cuando atraviesa el jardín el viento en monopatín”.
María Elena Walsh

Conectarse con el mundo natural tiene un impacto positivo en el tratamiento de la depresión y la ansiedad porque nos relaja, mejora el estado de ánimo y estimula la producción de serotonina (una sustancia química que equilibra tu disposición y energía). Como nos relaja, además, también reduce las posibilidades de sufrir enfermedades cardíacas y diabetes, y mejora la calidad del sueño porque reduce los niveles de cortisol, la hormona del estrés. 

Y según un estudio realizado por investigadores de los Países Bajos, la jardinería agudiza la mente, mantiene alerta el cerebro, especialmente las regiones relacionadas con la memoria. Para quienes pueden practicar la jardinería al aire libre, hay beneficios extra: la luz solar (y, por ende, la vitamina D) ayuda al cuerpo a absorber el calcio, un mineral que fortalece los huesos (por eso también se dice que la jardinería es un remedio contra la osteoporosis) y el sistema inmunológico. 

Y todo esto sin siquiera mencionar el aporte de las plantas a la purificación del aire que respiramos todos los días. 

“Para ser jardinero hay que ser un poco Pulgarcito y perderse en los bosques”.
Umberto Pasti

Jardinería consciente

A principios de este año, el New York Times publicó un artículo sobre “mindful gardening” donde afirma que la práctica de la jardinería también puede ser una forma de meditación activa. Basta con tocar la tierra, olerla, plantar una semilla y hacerlo con intención, para cultivar –además de una planta– una mente más sana y más tranquila. 

Plantar es toda una experiencia transformadora. Se trata de entregarte a los procesos de la naturaleza, aprender a respetar sus tiempos, no querer ir de prisa, no querer saltear etapas. Y, cuanto más conscientes seamos de ese camino mientras lo transitamos, más enriquecedora será la experiencia. Umberto Pasti, autor del libro Jardines. Los verdaderos y los otros, dice que uno encuentra placer en esta rendición a las leyes que rigen lo viviente: “Eres jardinero si en esta sumisión sabes reconocer tu libertad”. Y agrega: “Se trata de una extraña propensión a olvidarte de ti mismo”

De influencers a plantfluencers

Por: Por Alejandro Nemi.

Soy un artista apasionado por la naturaleza, dedicado al arte con suculentas. Después de varios años de búsqueda (estudié Diseño de Imagen y Sonido y trabajé en Ideas del Sur), me di cuenta de que necesitaba conectarme más y más con las plantas, con la naturaleza. Intenté con muchas especies y no tuve suerte hasta que las suculentas llegaron a mi vida. Al principio, fui integrándolas con mi necesidad de reciclar y hacer arte, en jardines verticales y objetos intervenidos, hasta que decidí hacer foco en ellas, mucho antes de que se pusieran de moda.
En 2014 armé Microscopio y desde mi casa-taller, a través de redes sociales y en mi próximo libro, Suculentas: guía práctica para entenderlas y disfrutarlas, comparto tutoriales sobre sus cuidados y trato de mostrar todo lo que me apasiona (y lo que aprendí) de estas plantas: su resiliencia, su capacidad de adaptarse a distintas condiciones y a sobrevivir con poco y nada. A la gente le gustan porque son inmunes a la velocidad con la que vivimos: ellas toleran (y agradecen) nuestros descuidos.
Siempre digo que trabajar con plantas es una de las formas más lindas de sentirse conectado con un todo, con la naturaleza, con la vida, con el universo y con emociones muy puras y sanas. Creo que las plantas han logrado sensibilizar hasta a las personas más duras y menos emocionales (algo similar a lo que produce cuidar mascotas). Hoy me siguen hombres, mujeres, grandes, jóvenes: todos quieren conectarse con la naturaleza a través de su jardín o balcón.
Conozco mucha gente que no se creía capaz de hacer vivir una sola planta y, gracias a las suculentas, se animaron a tener otra, y otra. Porque soy un convencido de que no es necesario tener la casa llena de plantas para sentir su hermosa compañía.
@soymicroscopio.
www.microscopio.com.ar.

Un espejo de uno mismo

También Pasti dice que un jardín se parece a quien lo concibe, porque refleja sus aspiraciones, sus habilidades, sus locuras y sus virtudes. Y es que, en ellos, se termina plasmando algo profundo de nuestro interior. Porque, con un jardín, probás, te equivocás, sufrís decepciones y satisfacciones que te motivan a seguir intentando. Y esa sensación de autorrealización cuando obtenés el resultado esperado es espectacular. Porque cuando cuidás de tu balcón, tus macetas con suculentas, tus helechos colgados en tu departamento, y ves que crecen, que cada día están más lindos, sentís una sensación inmensa de felicidad. Si el jardín vive y da frutos, no es por azar ni porque los planetas se alinearon. Es que colaboraste de manera profunda con la tierra y ella se expresa a través de vos. Y en esa relación íntima, podés descubrir qué busca expresar. 

Bajar a tierra

La teoría hay que bajarla a la práctica. Y en la jardinería, es importante saber antes de actuar. Acá, algunas claves para poner en práctica:

1) Investigá qué especies podés plantar de acuerdo al espacio que tengas.

La santa trinidad de la jardinería está compuesta por la iluminación, el riego y la tierra. Antes de arrancar con tu jardín (o tu balcón, tu patio o tus macetas de interior, porque hasta en el más oscuro de los rincones pueden crecer plantas espectaculares), tenés que tener presente estos tres elementos. Entonces, primero lo primero: información para saber qué planta es más apropiada para qué espacio.

2) No tomes decisiones 100% intuitivas.

Que tu jardín dé frutos no dependerá de si sentís la tierra medio seca y entonces pensás que hay que regarla. Esto puede salir bien como mal y ahí viene la frustración. Preguntá, investigá, a un clic de distancia está la información que necesitás. En el vivero donde compres tus plantas también van a poder asesorarte sobre el régimen de luz, riego o el tipo de tierra que necesitás. 

3) Chequeá la orientación de tus plantas.

De eso dependerá que reciban más o menos luz según el momento del día. Ya no depende tanto de “me gusta ese rincón que tengo libre en el departamento” sino de algo más de conocimiento para que tus plantas crezcan bellas y saludables. 

4) Usá macetas sustentables.

Aprovechemos este ímpetu ecológico para comprar (o hacer con tus manos) las de terracota, cemento, barro o madera. Evitá las de plástico, que no son tan eficientes para regular la humedad de la tierra. 

5) Comprá con los sentidos.

Cuando salgas en busca de plantas, mejor los viveros y las florerías que el supermercado. Elegí ese establecimiento donde te dejen olerlas, tocarlas y mirarlas antes de decidir qué comprar: nada como el cara a cara. 

En definitiva, la clave está en ser consciente de que las plantas necesitan tiempo, paciencia, amor y dedicación. Y aprender esto es una lección de oro. Para ellas. Para la tierra. Y para vos.

Por Lucía Tornero.

Fotos de Mariana Roveda / Archivo OHLALÁ!

Producción de Virginia Gandola.

Realización de Diego Andrés Martínez (DAM).

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