Oficios manuales

Hacer con tus manos lo que consumís es un enorme aporte a la economía circular. Pero también modela el espíritu.
Oficios manuales

“La única verdad es la realidad”, dijo Aristóteles para resaltar el valor de lo que podés ver y tocar de las ideas, en contra de lo que queda en el plano del pensamiento. Porque las cosas, objetos, eso que podés tomar con tus manos, palpar, sentir, es bien diferente de lo que solo pensás o imaginás. Tener una cosa es una experiencia más centrada en el aquí y ahora.

Los objetos tienen vida propia. Los vemos inertes, inmóviles o fríos, pero siempre cuentan una historia. Si te detenés a pensar cuáles son los que a vos te importan, seguramente vas a poder explicar por qué tienen esa vibración que te resulta significativa. Tus recuerdos de infancia, el reloj que te regaló tu abuela y que usás en ocasiones especiales para que te dé suerte, como un talismán. O la manta tejida al crochet con la que te envolvieron cuando eras bebé y que guardás para tus hijos, o el tapiz que casi le arrebatás de las manos a una mujer de aquel pueblito alejado en vacaciones. O la remera gastada que le robaste a tu novio que ahora es tu ex, pero que todavía te ponés para dormir.

En un mundo globalizado en el que las ciudades pierden su identidad y las personas tendemos a uniformarnos, la búsqueda de lo único, de lo artesanal, del saber-hacer que se transmite de generación en generación, es una corriente que crece en todos los planos. La valora el turismo, pero también el diseño y el emprendedorismo. Y vos misma, que vas eligiendo en tu casa lo que es personal y te hace sentir bien, y que hace más feliz a tu pequeño círculo de influencia. 

El trabajo humano detrás de cada objeto

¿Te pasa, cuando te vas de viaje, que buscás esos objetos propios del lugar o de su gente, algo que no podrías encontrar en otro lugar? Parte de la diversión es visitar ferias artesanales para llevarte algo genuino, auténtico. Lo que distingue la producción artesanal de la industrial es, justamente, el rastro humano que hay detrás de los objetos. Y este detalle puede contemplarse desde lo antropológico, pero también desde lo ecológico, lo artístico y hasta lo terapéutico.

CRAFTERS ASOCIADOS

Por: Carmen Güiraldes

Renegade Craft es un mercado artesanal curado y errante que concentra toda la movida artesanal norteamericana. Fue creado con la idea de apoyar la economía creativa mediante una feria que reúne a productores y diseñadores y además es en sí misma todo un evento de música, comida y hippies digitales. Renegade Craft organiza varios encuentros anuales en once ciudades de Estados Unidos y, una vez por año, también está en Londres. La movida convoca miles de fans y es la catapulta para pasar del taller casero al circuito comercial. 

En Argentina, un grupo de tres amigas adictas al universo craft armaron el Girls Craft Group hace un año para abrir su espacio a la gente que comparte su misma pasión. Lara, Daniela y Katja organizan un encuentro por mes a puro craft, dibujo, pintura, tejido, bordado, con cosas ricas para compartir y ganas de crear. Hace poco lanzaron también su primera línea de papelería y el #podcastdelclub, donde comparten sus experiencias de fanáticas y emprendedoras.

@renegadecraft

@girlscraftclub

Si te gusta eso que hace único a un objeto pero también disfrutás de trabajar con tus manos en lo que sea, te proponemos que pases a la acción, que hagas tu propia experiencia de sumergirte en el craftmanship con todos tus sentidos. Sin exigencias, porque no se trata de que te conviertas en artista o artesana, se trata de que te comprometas con el “yo hago”. Porque una cosa es pensar y otra es hacer. Aunque estén ligadas, hacer algo con las manos, pensar con ellas, no solo deja plasmado tu espíritu creador, sino que también despeja la cabeza.

Una conexión profunda y espiritual con vos misma.

Los antiguos cabalistas hebreos meditaban escribiendo las letras del alfabeto. Creían que trazar lenta y meticulosamente con una pluma de tinta la alef, un símbolo simétrico que representa la analogía entre el cosmos y lo particular, era una abstracción poderosa que llevaba a grandes visiones. La detallada caligrafía de las letras los ponía en el estado de tranquilidad necesario para que la mente ingresara en dimensiones espirituales.  

El monje budista Daitsetsu Teitaro Suzuki dice que el ser humano es una máquina de pensar, pero sus mejores obras las hace cuando no piensa. Quien retoma la idea, más cerca de nosotras, en esta época y en Argentina, es la periodista Luján Cambariere, autora de El alma de los objetos. Luján pone la mirada en la relación de las personas con las cosas, en el diseño contemporáneo y su relación con sus aspectos sociales, para develar que los objetos tiene alma. Detrás de cada diseño hay una o muchas personas, y es eso justamente lo que les imprime esa energía especial. 

“¿Por qué algunos objetos nos despiertan amor?”, reflexiona Luján en su libro, ¿por qué a veces sentimos que no podemos soltar esa cosa, si no depende en absoluto de su belleza? Tal vez por su simbología, o por su significado. O por la humanidad que está detrás de cada creación. Desde una cuchara hasta un avión, desde un juguete hasta una prenda de diseño, en todo momento está presente esa interfaz que conecta con su productor. Lo que nos invita a que nos lo apropiemos, como un diálogo, y que pase a ser especial. 

La alegría de hacerlo vos misma

A Luján Cambariere le gusta repetir como un mantra: “Que la inteligencia pase de las manos a la cabeza”. Crecimos en un mundo que prioriza el saber intelectual, lo que Howard Gardner llama la inteligencia lógico-matemática. Pero tenemos otras inteligencias, según el investigador, siete en total si le sumamos la lingüística: la espacial, la musical, la corporal o kinestésica, la intrapersonal, la interpersonal y la naturalista.

Hacer hace bien

  • Te desconectás de la tecnología. Por el simple hecho de que tendrás las manos ocupadas, contrarrestás la espiral abrumadora del uso de cualquier dispositivo techie. Está super comprobado que la hiperconectividad, el uso incesante de los dispositivos móviles, puede provocarnos insatisfacción, ansiedad, tensión y estrés.
  • Ejercitás el cuerpo. Pasarte la vida tipeando produce desde atrofias en los dedos hasta calambres y artritis. El trabajo con la materia, en cambio, es más orgánico y ayuda a flexibilizar los músculos de cada falange.
  • Te sensibilizás. Volver al trabajo con las manos te conecta con todos los sentidos y con tu ser más esencial. Ayuda a calmar tu mente, a sintonizar otra frecuencia, y el trabajo entonces produce resultados materiales y espirituales.
  • Frenás tus pensamientos obsesivos. Conectarte con la quietud interna te lleva a descansar en la paz del momento presente. Trabajar con las manos es una meditación activa: concentrarte te conecta con el valor de cada momento.
  • Mejorás tu productividad en otras áreas. Desarrollar la capacidad de enfocar te vuelve más eficaz, asertiva y hasta productiva en tus otras actividades, porque a través de este otro tipo de inteligencia, la mente y el cuerpo se reconectan.

Podríamos sumar a la lista una “inteligencia manual”, que nace del cuerpo y se activa cuando las manos se ponen en movimiento. Se trata de una energía que nace de las entrañas y se proyecta a través de los dedos en una especie de coreografía que baila en las manos que cosen, bordan, tejen, hilan o tallan. Volver a conectarse con el trabajo manual, los oficios y los saberes ancestrales te exige estar presente, vivir el aquí y ahora y disfrutar del proceso de la creación en todos sus pasos hasta llegar al producto terminado. 

En julio pasado tuvo lugar en Santa Fe, Estados Unidos, la edición anual de la Feria Internacional de Arte Folk, de la que participan más de 150 países de todo el mundo con su producción local. Este año, el debate giró en torno del nombre: ¿está bien que sigamos hablando de artesanía?, ¿o es, sencillamente, arte? Porfirio Gutiérrez, un tejedor de Oaxaca, compartió en redes su opinión: “Tuve que salir de mis fronteras para tomar perspectiva de lo que significa plasmar tu visión del mundo, lo que sea que te importa, en la narrativa del objeto que estás creando. Es en ese momento que la artesanía se transforma en arte”. 

Sea lo que sea, el poder está en tus manos. •

Wabi sabi

Por: Leticia Gagetti*

Medir todo con la vara de la perfección, ideal inalcanzable, es condenarse a vivir frustrada, pero también nos lleva a pasar por alto muchas cosas hermosas que no encajan dentro de esos implacables y homogéneos parámentos. Wabi sabi es una expresión oriental que hace referencia al tipo de belleza que reside en los objetos “imperfectos”. Es valorar aquello que en el mundo físico refleja el fluir de la vida, el paso del tiempo. Es esa clase de belleza modesta, rústica y hasta deteriorada que devuelven los objetos que se usan. Es la celebración de las cosas como son, y no como tendrían que ser.

Creo que las huellas de las manos del creador dejan en una pieza de cerámica artesanal una impronta que la vuelve única, con alma, transmisora de una sensibilidad. Pero la belleza que reside en ella no es meramente estética, proviene también de la conciencia que se genera al interactuar con este tipo de objetos: lo cotidiano se vuelve bello, nos traen al presente y el tiempo adquiere entidad.

Cuando tomamos un café en una taza que hicieron las manos de alguien, percibimos texturas, pequeñas marcas que denotan el carácter artesanal y único del objeto que sostienen nuestras manos, y adquirimos conciencia de otras manos, las que crearon esa pieza, y de este momento.

* Historiadora y fundadora de Owo Cerámica de Autor.
@owoceramica.

Por Daniela Chueke.

Fotos de Anahí Bangueses Tomsig.

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