Medito, luego soy

Nunca es tarde para empezar a practicar el arte de no hacer nada.
Medito, luego soy

¿Alguna vez te sentaste en silencio a observar la cantidad de pensamientos que tenemos, uno tras otro? Es como si todo el tiempo tuviéramos una pantalla con miles de subtítulos que van pasando abajo, con distintos mensajes: desde qué ingredientes tiene la receta del budín de calabaza que te pasaron hasta qué le vas a decir a tu jefe por tu llegada tarde. Y lo peor de todo es que muchas veces esa pantalla nos pasa títulos negativos sobre nosotras mismas, del tipo “Para eso no sirvo”, “Seguro que me va mal”… Meditar, en principio, es observar el caos y tener fe en que puede aquietarse. Meditar es observar esos pensamientos pasar, sin tratar de modificarlos, pero tampoco enganchándonos con lo que dicen. Solo observar y descansar ahí. Sri Sri Ravi Shankar, creador de la Fundación El Arte de Vivir, dice: “Meditar es el arte de no hacer nada, de soltar y ser quienes somos. Es aceptar este momento presente y vivirlo con profundidad”

“La meditación nos muestra tal cual somos, y solo cuando nos relacionamos con nosotros mismos sin moralizar, sin dureza y sin engaños, podemos desprendernos de los patrones mentales perjudiciales”, expresa la monja budista Pema Chödrön, y agrega: “La meditación es un método para cultivar una incondicional amistad con nosotros mismos”. Hacia ahí vamos.

CON EL AVAL DE LA CIENCIA

Cada vez somos más los que nos acercamos a centros de meditación, yoga y otras disciplinas espirituales para contrarrestar nuestra negatividad, ansiedad y angustia. La meditación ofrece herramientas concretas que, en principio, pueden darnos unos minutos de paz por día. Y, a largo plazo, innumerables beneficios avalados por la ciencia. 

Desde hace ya varios años, el diálogo entre meditadores y científicos modernos ha crecido hasta el punto de que ambas partes colaboran en estudios sobre la mente humana. De hecho, el mismísimo Dalai Lama contribuyó en distintos estudios con el instituto norteamericano Mind & Life, que explora la relación entre la ciencia y el budismo. Tal vez uno de los experimentos más asombrosos hasta la fecha haya sido el realizado con un grupo de meditadores expertos y de voluntarios que acababan de iniciarse en la práctica: durante una sesión de meditación, la actividad neuronal de un centro clave del sistema cerebral relacionado con la felicidad se elevó entre un 700 y un 800% entre los meditadores. Mientras que, en el caso de los voluntarios, la actividad en la misma área se elevó entre un 10 y un 15%. Lo que quiere decir, simplemente, que meditando uno podría volverse exponencialmente más feliz. 

¿Meditar es para todos?

En principio, sí. El tema es que no es tan fácil. Como empezar a ir al gimnasio o empezar a comer más saludablemente, requiere una pequeña disciplina y la voluntad de sentarse todos los días, para que el “músculo” se desarrolle. Al principio pueden ser cinco minutos, pero hay que hacerlo todos los días. Lo importante es que es inherente al ser humano encontrar ese espacio interior donde uno es, más allá de lo que piensa o siente. David Lifar, director de la Fundación Indra Devi, cuenta que en la India meditar es “descubrir el espacio de silencio existente entre un pensamiento y otro. Y una vez que ese espacio se encuentra, permanecer y ahondar en él. Si bien existen varios métodos de meditación, hay que tener en claro que todos llevan a un mismo fin: encontrarnos con nuestra verdadera esencia”

¿Sabías que 20 minutos de meditación profunda equivalen a 3 horas de sueño?

Hola, resistencia

Muchas veces nos sentamos y, después de un rato, empezamos a preguntarnos: “¿Qué hago acá sentada?”. No estamos acostumbradas a sentarnos con nosotras mismas, a darnos esos minutos de tiempo real. Toda la sociedad se rige por el “hacer cosas”. Y, para colmo, ese hacer tiene que dejar algo: algo material, como dinero, o un logro que nos haga sentir reconocidas, exitosas. Pero no nos educaron para ver quién se esconde dentro de nosotras, para palpar el vacío, para nutrir nuestra vida espiritual. “¡Sentarme veinte minutos sin hacer nada es perder el tiempo!”, puede decirnos una voz interna. Y quizás ahí estemos dando en el clavo con una de las primeras resistencias que vamos a enfrentar. ¿Qué pasaría si pudiéramos crear unos minutos de tiempo no contaminado? 

Los innumerables beneficios

Al permitirnos ingresar mentalmente en un estado de alerta en reposo, la meditación transforma, literalmente, la bioquímica del cuerpo. Por eso, desde el plano físico, se dan ciertos cambios: 

  • Mejora la respiración y los problemas de insomnio. 
  • Fortalece el sistema inmune. 
  • Reduce el colesterol. 
  • Incrementa la energía. 
  • Produce mejoras significativas en el tratamiento de la hipertensión arterial y de los problemas cardiovasculares. 
  • Reduce los dolores de cabeza. 
  • Mejora el asma. 
  • Reduce el estrés y la ansiedad. 
  • Aumenta la confianza. 
  • Mejora el rendimiento en el trabajo. 
  • Aumenta el optimismo. 
  • Incrementa la creatividad. 
  • Afina nuestra sensibilidad. 
  • Aumenta la tolerancia. 

Resulta sorprendente que tantas cosas buenas para la salud física y espiritual puedan suceder por el solo hecho de “estar sentada tranquilamente, sin hacer nada”. Quizá se deba a que en Occidente fuimos condicionadas para pensar que el único modo en que podemos mejorar nuestra calidad de vida es haciendo más cosas, más esfuerzo, siendo más productivas cada vez. Sin embargo, nunca es tarde para replantearnos un diálogo con nuestro ser más interno para ver qué necesita. 

¿Cuántos tipos de meditaciones hay?

¡Muchísimos! Existe, por ejemplo, la meditación trascendental –basada en la repetición de mantras–, la vipassana –una de las más antiguas de la India– y también todas las que se desprenden de las distintas filosofías o religiones –vas a encontrar budistas, cristianas, sufíes, etc.– que las sustentan. Pero, en términos prácticos y generales, podríamos decir que la meditación se divide en dos grandes grupos: las meditaciones con apoyo (como mantras, respiraciones, visualizaciones, mandalas, etc.) y las meditaciones sin apoyo (que simplemente se reducen a la práctica de quedarse quieta unos minutos para lograr aquietar los pensamientos).

Cuando decidimos, por ejemplo, comprar un auto y no tenemos mucha idea, les preguntamos a nuestros amigos expertos, nos pasamos horas comparando data en Internet, vamos a distintas concesionarias, probamos algunos, resolvemos cuánto vamos a gastar… y así hasta dar con el indicado. Siguiendo este mismo ejemplo, imaginate los recaudos que vas a tener que tomar si se trata de tu mente, cuerpo y espíritu. A la hora de elegir un maestro o instructor, además de averiguar, consultar y probar, también guiate por tu estómago: lo que te dicen tus entrañas sobre el lugar, la técnica y la gente es clave. 

En busca de la paz

“Si usted practica dejando que su mente sea como es, esta –al final– se calma por sí sola. Poco a poco irá experimentando una sensación de amplitud y su habilidad para percibir los pensamientos y las emociones de manera clara e imparcial aumentará gradualmente. Donde antes veía solo problemas, empezará a ver oportunidades”, explica Yongey Mingyur Rinpoche en su libro La alegría de la vida. Se trata, entonces, de vivenciar la meditación y ahondar en ella. Puede ser que después de practicar algún tiempo, una empiece a experimentar una felicidad interior que no responde a una causa concreta. Simplemente está. Nos sentimos más livianas, más compasivas, y, por ende, nos volvemos más comprensivas con los demás. No esperamos tanto de afuera; tenemos ese calorcito interior que nos protege y nos da esperanza. Sí. Es todo un desafío, sobre todo porque nos hace responsables de nuestra propia existencia…, pero vale la pena intentarlo. •

APPS PARA MEDITAR

Por: Melisa Navas

  • Headspace: te ayuda a ganar espacio mental en tu biblioteca de pensamientos. En diez pasos, Charlie, un australiano con una voz muy apacible, te va metiendo de una forma muy didáctica en la meditación. Está en inglés. 
  • Om Meditación: una suerte de karaoke de mantras. Sentite como una yogui épica cantando al son de tu smartphone. Tiene un menú con todos los mantras y te da las letras también. Un poco vas a terminar cantando por fonética porque está todo en sánscrito. También te explica el significado de cada mantra y para qué se canta.
  • Mi Meditación de los Chakras: musiquita chakra-friendly. Te explica el significado de cada chakra, el color y las emociones a los que están asociados para tus primeros pasos meditativos. 
  • Sattva: tanto para principiates (con desafíos motivadores) como para los expertos que quieren entrar en silencio con el canto del Rudram Pooja. Te chequea tu ritmo cardíaco y registrás tu ánimo antes y después de meditar.

 

Por Nuria Docampo Feijóo*.

Foto de Anahí Bangueses tomsig / Archivo OHLALÁ!

Producción de Maca Ibáñez.

Expertos consultados

Fundación
El Arte de Vivir

www.artofliving.org.

Meditación Trascendental

www.mt.org.ar.

Mindfulness

Javier Candarle

www.candarle.com.

Método Tranqui

www.metodotranqui.com.ar.

 

 

* Nuria Docampo Feijóo (nuriadocampofeijoo@gmail.com) es periodista, Consejera en Flores de Bach y trabaja con Cartas Natales.

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