JOMO

De qué se trata este paradigma que entiende que no podemos –¡ni queremos!– anotarnos en todas.
JOMO

Cada vez somos más las que nos cansamos de recibir notificaciones con mensajes, emoticones, nueva data, ofertas e invitaciones. Vivimos este hastío con una sensación de malestar difuso. Hace un tiempo, solo podíamos enterarnos de lo que pasaba en el mundo abriendo un diario o encendiendo la tele, por decisión propia. Hoy, esa decisión quedó desdibujada. El hecho de llevar en tu bolsillo un aparato portador de noticias y propuestas permanentes y desordenadas que pueden asaltarte en cualquier momento convierte tu vida diaria en un multiple choice infinito. Para colmo, cada vez que elegimos, lo hacemos con la certeza de que hay algo aún mejor. Y esa sensación de no llegar a hacer nada estresa.

Pero ya lo entendiste: no podés verte todas las series por más que lo intentes, hay debates que no te convocan y seguramente va a haber memes que no entiendas ni de dónde vienen. ¿Importa? ¡Si apenas llegás a leer los mails que te entran en una tarde! 

El JOMO, “joy of missing out” o “alegría de perderse cosas”, es la actitud que comenzamos a adoptar cuando, luego de una etapa de sobreestimulación al borde de la saturación, pasamos a percibir el encanto del silencio, del vacío, de los tiempos netamente ociosos. Y entonces sucede lo inesperado: nos conectamos con lo aliviante de la pérdida. Es que, en realidad, no te estás perdiendo de algo. Ahora elegís no hacerlo.

A veces, está OK no estar involucrada en todo lo que está pasando por ahí.

El anti-FOMO

Lo que propone la actitud JOMO es tranquilizarnos. Entender que lo que parece genial no necesariamente es bueno para todos, que ese evento que parece una megafiesta tal vez ni siquiera lo sea y que las ofertas sexies volverán en otro momento. En esto de empezar a tener experiencia virtual, aprendemos a detectar espejitos de colores, dejamos de idealizar vidas ajenas y empezamos a construir barreras que filtran informaciones y opciones que no necesitamos. Las renuncias empiezan a ser más fáciles y placenteras.

Pero esta seguridad en la elección de vivir tu vida llega recién después de haber atravesado, y superado, ciertos miedos. Es que el JOMO se empezó a detectar como actitud colectiva luego de un gran periodo de FOMO, “fear of missing out”, es decir, de “miedo a perderse cosas”. Con redes sociales que apenas superan la década de vida y smartphones que intervinieron nuestra cotidianidad hasta no dejar ni un centímetro de interlineado entre una cosa y otra…, reaccionamos. Ante la conciencia de la cantidad de cosas interesantes que pasaban en nuestra ciudad, en la vida de los otros y alrededor del mundo, nuestra primera respuesta fue temer. Temimos perdernos eventos, contactos, oportunidades laborales y hasta posibles parejas. Ese miedo nos puso a todos en un estado de alerta. Es que, en la frecuencia FOMO, los pájaros volando parecen valer mucho más que los pájaros en mano y el pasto siempre es más verde en el jardín de al lado. 

Afortunadamente, el JOMO llegó para liberarnos de eso. “A veces, está OK no estar involucrado en todo lo que está pasando por ahí. Y definitivamente está OK disfrutar de tomarte un tiempo para estar con vos”, dice una de las pics más famosas de Instagram que pregonan el #JOMO. Con ese hashtag, miles de usuarios dan cuenta de su momento JOMO: un recreo pacífico, una cena en pareja, una puesta de sol o una siesta.

El placer de perder

Lo que distingue al JOMO de otras actitudes frente a la sobreestimulación es su madurez. Disfrutar de perderte cosas no es abandonar para siempre las redes y cerrarte a la información: es aprender a usarlas. En este entendimiento, la construcción de filtros que definen qué info nos llega y, fundamentalmente, cuándo nos llega es algo que implementan las personas que comprenden que perderse cosas puede ser un placer. 

Y definitivamente está OK disfrutar de tomarte un tiempo para estar con vos.

Y acá estamos hablando no solo de los filtros del Instagram, sino también –y sobre todo– de los filtros mentales. Así como te preparás para salir a la calle, para tener una charla telefónica o para escribir un mail importante, prepararte para encarar la virtualidad es parte del entrenamiento que exige la nueva realidad. Acotar el tiempo y el espacio que destinamos a navegar en la web y en las redes sociales es el primer paso para no quedar presas en ese limbo que hay entre la pantalla de tu celu y la puerta de tu casa. 

Hoy, Facebook, Instagram, Twitter, Snapchat (y la lista de aplicaciones sigue y sigue) son espacios públicos comparables a aquella esquina adonde íbamos a buscar tarjetas para el boliche cuando éramos más jóvenes; o a la plaza adonde llevás a tu hijo a jugar mientras charlás con otras mujeres y madres como vos. Es decir, son espacios sociales, de intercambio, pero en escalas tan masivas que a veces ni podemos dimensionarlas. Tomar conciencia de esta realidad hará que puedas salir a dar paseos virtuales con mayor lucidez acerca del propósito con que lo hacés.

DETOX DIGITAL: NO MOLESTAR

Por: Carmen Güiraldes.

Para controlar el uso del enemigo principal del JOMO, están aquellos radicales que se van al otro extremo y deciden reemplazar su teléfono inteligente por un teléfono tonto (dumb phone), que solo puede hacer y recibir llamadas y que, encima, cuando se cae no se rompe.

Pero, para los que no se animan a tanto, hay una serie de apps disponibles para calibrar un poco el frenesí por figurar.

  • Si tenés el de la manzanita, el update iOS 12 incluyó una nueva función que se llama Screen Time, que no hace más que contabilizar el tiempo que lo usás por semana. En Android la misma función se llama Digital Wellbeing.
  • También para Android está Siempo, que te ayuda a editar las notificaciones y tiene una idea genial: te cambia todo el tiempo los íconos de lugar para que no sucumbas al reflejo de entrar y apretar todo el tiempo lo mismo. Mediatiza el impulso, bah.
  • Hay otras apps de terceros, como Stay Focused-App Block, que te ayuda a restringir el uso del teléfono con distintas opciones por día, por hora, en intervalos específicos de tiempo, etc.
  • O Thrive, que te permite bloquear las entradas de info o llamadas que elijas (las de tu lista VIP siempre van a seguir entrando). También tiene una función que responde que no estás usando el teléfono en ese momento (y cuándo vas a volver a conectarte) y te permite establecer objetivos y límites de conexión.

Una góndola de experiencias

La tendencia a acumular es una parte “natural” del sistema en que vivimos. Desde nuestro nacimiento, todos fuimos aprendiendo que parte de la supervivencia en este mundo y con estas reglas es proveerse de recursos. Empezamos entendiendo la importancia de acumular plata, es decir, de ahorrar, luego nos dedicamos a sumar conocimientos y más tarde nos dejamos seducir por la variedad de objetos y bienes. La excusa para cortar con esta espiral ascendente casi no existe. En este contexto, no es nada raro que pensemos las experiencias vitales como algo también acumulable. Creemos que coleccionar anécdotas y fotos lindas significa vivir intensamente, y que eso es un capital. Visto así, es comprensible que nos cueste renunciar a algo. Justamente, aquí es donde viene el JOMO a cuestionar esta falsa idea de intensidad. La aleja de su relación actual con la acumulación para recordarnos que es la interpretación y la conciencia de lo que hacemos lo que vuelve interesantes nuestras experiencias, no la publicidad que hacemos de ellas. Todas conocemos personas que pueden dar una vuelta a la manzana y volver con apreciaciones maravillosas y otras que no tienen nada para decir de una vuelta al mundo. Somos nosotras las que conformamos lo interesante de lo que vivimos, las que imprimimos de significado los hechos que nos suceden, y eso es algo intransferible a Instagram o a Pinterest. 

Reivindicación de la imposibilidad

Así como el movimiento slow llegó hace unos años para desnaturalizar el ritmo vertiginoso en el que estábamos viviendo, el JOMO llega para recordarnos que dejar pasar y renunciar pueden ser también opciones inteligentes. No se trata del tipo de postulado de pensamiento mágico que asegura que algo bueno llegará si dejamos espacio para lo nuevo, se trata de algo más crudo: el JOMO propone aceptar la imposibilidad de abarcar todo y amigarse con ella antes de que la realidad se imponga en forma de dolor. 

En una era en la que diversos modos de vida son posibles, nuestro deseo de vivirlos todos nos convierte en explotadores de nosotras mismas. El peligro que hoy nos acecha no es la esclavitud ni los mandatos sociales incuestionables. El peligro ahora está dentro de nosotras: nuestros deseos ilimitados, la autoexigencia por vivir una vida intensa y sin renuncias, pueden llevarnos a una crueldad total con nosotras mismas. Es justo ahí donde podemos darnos cuenta de que perder –ambición, urgencia, voracidad– puede ser un gran placer.

Canciones para desconectarse

01

“Just breathe”

Pearl Jam

El mejor consejo para desconectarte: poné este tema, cerrá los ojos y simplemente respirá.

02

“Somewhere only we know”

Lilly Allen

Relajate un rato en ese espacio interior que solo vos conocés.

03

“What a wonderful world”

Stacey Kent

Que la vorágine diaria no te tape todo lo hermoso que tenés a tu alrededor.

04

“Wonderful life”

Katie Melua

No viene mal repetir el concepto: la vida tiene cosas maravillosas, tomate el tiempo de disfrutarlas.

05

“Keep breathing”

Ingrid Michaelson

Y para terminar: seguí respirando.

Como dice el poema de Elizabeth Bishop: “El arte de perder no es muy difícil; tantas cosas contienen el germen de la pérdida, pero perderlas no es un desastre. Pierde algo cada día. Acepta la inquietud de perder las llaves de las puertas, las horas malgastadas. El arte de perder no es muy difícil”. •

Por Denise Tempone.

Ilustraciones de Josefina Schargorodsky.

Experta consultada Patricia Faur – patriciafaur@yahoo.com.

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